Miembro de REMES

Miembro de REMES
Autor, miembro de Red Internacional de Escritores

sábado, 3 de octubre de 2026

Prólogo del libro "Todo huele a vida". Autora: SU Moral (Coaching a mi manera)

 


PRÓLOGO: El espíritu cotidiano de la memoria y la poética de los fogones

Consideremos el umbral y la casa como una  cocina; un centro del cosmos. Hay libros que no se leen con la prisa del intelecto ni con la mera curiosidad del transeúnte; hay libros que se habitan, que se transitan con la misma pausada devoción con la que se regresa, tras un largo y fatigoso exilio, a la casa de la infancia. En esos inmuebles de la memoria, el tiempo no transcurre de forma lineal ni implacable, sino que se amansa en las esquinas, se tamiza a través de visillos desgastados y se deposita, como una fina capa de pulso vital, sobre los muebles de madera y las baldosas gastadas. 

Todo huele a vida pertenece, desde su primera línea, a esta estirpe de obras singulares y escasas. No estamos únicamente ante una recopilación de vivencias ni frente a un ameno catálogo de recetas y paisajes; nos hallamos ante una auténtica cartografía afectiva, una meditación poética de hondo calado sobre cómo los afectos, la música y la gastronomía constituyen la arquitectura secreta sobre la que se sostiene nuestra existencia.

Para adentrarse en la obra que el lector sostiene hoy entre las manos, es preciso despojarse del ruido del mundo exterior. En una época dominada por la prisa, el consumo efímero y la prisa tecnológica, donde la comida se ha convertido en muchas ocasiones en un simple trámite nutricional o en un espectáculo de diseño desprovisto de alma, la autora SU nos propone una revolución silenciosa: la vuelta al origen. Y ese origen se sitúa, invariablemente, en el centro neurálgico de cualquier hogar verdaderamente humano: la cocina.

Pero la cocina que aquí se evoca no es un mero espacio funcional de trabajo, un laboratorio neutro de acero inoxidable o un lugar de tránsito acelerado antes de salir hacia las obligaciones cotidianas. La cocina de este libro es el santuario fundamental de la vida. Es el lugar donde la materia inerte se transforma, por obra de la paciencia y el cariño, en consuelo y alimento; es el fogón donde se preserva el fuego sagrado de la tribu y donde las historias no solo se cuentan, sino que se saborean. 

Allí donde la mirada apresurada solo detectaría la inercia de la rutina o la repetición mecánica de las tareas domésticas, la pluma de la autora se detiene a desvelar la belleza sutil de lo imperecedero. El acto cotidiano de cortar una hortaliza, de velar el hervor pausado de un caldo o de medir a ojo la sal precisa de un guiso adquiere aquí una dimensión casi litúrgica. Es la celebración de estar vivos, la afirmación terrenal de que mientras haya un fuego encendido y una mesa dispuesta, el caos del mundo exterior quedará, al menos por unas horas, mantenido a raya.

Como una  Arqueología de la cotidianeidad, el tiempo se congela en una nevera que nunca se vacía. Son tantos los recuerdos como los latidos de existencia.  Uno de los grandes hallazgos de Todo huele a vida es su capacidad para convertir los objetos y espacios más prosaicos de nuestro entorno doméstico en auténticos yacimientos arqueológicos del sentimiento. La autora posee esa rara cualidad de los grandes observadores de la vida cotidiana: la capacidad de ver más allá de la corteza utilitaria de las cosas para descubrir su pulso invisible.

Pensemos, por ejemplo, en la manera en que la obra aborda el congelador de la casa. En manos de un cronista convencional, este electrodoméstico no sería más que un artefacto utilitario para la conservación del frío. Sin embargo, en estas páginas, el congelador se revela como una cápsula del tiempo, una biblioteca de recuerdos preservados, un baúl de tesoros donde el amor familiar ha quedado suspendido en el frío para acudir en ayuda del futuro. Un tupperware olvidado al fondo de un cajón helado no guarda únicamente una ración de lentejas o un caldo de ave; guarda el cuidado de una tarde de domingo, la previsión maternal que anticipa la necesidad de consuelo de un hijo distante, el tiempo regalado de alguien que pensó en nosotros cuando no estábamos presentes. Rescatar ese recipiente del frío no es una simple acción gastronómica: es un acto de resurrección afectiva, la comprobación de que el cariño puede vencer a la caducidad.

De igual modo ocurre con la metáfora de la nevera. A través de una prosa vibrante y llena de ingenio, nuestra irrepetible SU desmonta la falsa idea de la "nevera vacía". Para quien posee imaginación, memoria y deseo de agradar, una nevera jamás está desolada. En el cruce entre un pedazo de queso olvidado, unas hierbas aromáticas aún frescas y el aceite de oliva se esconde siempre el germen de una fiesta imprevista. La cocina, tal como se nos revela en este texto, no requiere la opulencia de los grandes mercados ni el despliegue de ingredientes exóticos; requiere, sobre todo, la presencia del espíritu, la disposición a crear el milagro a partir de lo humilde.

En esta geografía del hogar, los banquetes más memorables no son aquellos que acumulan aplausos críticos ni los que ostentan la complejidad técnica de la alta cocina internacional. Los mejores banquetes —nos recuerda la autora con una sabiduría luminosa y serena— son aquellos que consiguen el verdadero propósito de la gastronomía: que los seres queridos olviden la tiranía del reloj, que las conversaciones se prolonguen hasta bien entrada la noche y que las personas se demoren un rato más alrededor de la mesa, suspendidas en esa tibia fraternidad que solo nace cuando se ha compartido el pan y el vino con la verdad del corazón.

Así, la banda sonora de la memoria posee música, aroma y nostalgias luminosas Si la comida es el cuerpo de este libro, la música es, sin lugar a dudas, su aliento vital. Nada en estas páginas transcurre en el silencio absoluto. Como una corriente subterránea que alimenta las raíces de cada historia, la música atraviesa la narrativa creando una experiencia sensorial completa, una verdadera sinestesia donde es imposible separar el aroma de un guiso del acorde de una guitarra o el compás de un bolero.

La autora comprende con maestría que la memoria no solo se guarda en los ojos, sino que habita con especial fiereza en el oído y el olfato, los dos sentidos más primitivos, inmediatos e incontrolables del ser humano. Una cancioncilla escuchada al pasar por una ventana abierta, la sintonía de un programa de radio que sonaba de fondo en la cocina de la infancia o los discos de vinilo que giraban en las tardes de lluvia poseen el poder mágico de derribar el tiempo. En un instante, un simple acorde nos devuelve la voz de una madre que ya no está, el perfume de una colonia infantil o la temperatura de una tarde de verano de hace tres décadas.

En Todo huele a vida, la gastronomía y la música no son dos disciplinas independientes que se cruzan por azar; se alimentan mutuamente en una danza inseparable. El ritmo de una estrofa acompasa el crujir de la cebolla al pocharse en la sartén; la cadencia suave de un adagio acompaña la espera paciente del pan en el horno; una nota de piano despierta el sabor exacto de un plato que creíamos olvidado en los bolsillos del pasado.

Hay en esta forma de narrar una hermosa lección sobre la herencia intangible. Heredamos casas, muebles o joyas, sí; pero las verdaderas herencias, las que verdaderamente nos configuran por dentro, son aquellas que no se pueden tasar en un inventario: el gusto por las cosas bien hechas, la inclinación a cantar mientras se cocina, la receta secreta transmitida sin medidas escritas —"un puñado de esto, lo que pida la harina, una pizca de aquello"— y el amor incondicional por la vida que nos fue transmitido en el calor de los primeros abrazos. La ingeniosa y entrañable autora rinde homenaje a esas figuras tutelares —madres, abuelas, tías, amigas— que convirtieron la cotidianeidad en una obra de arte sin pretensiones, enseñándonos que la cultura más profunda es aquella que se transmite en los pequeños gestos del cariño diario.

Y, cómo no,  viajamos hacia la geografía del afecto: del puerto de origen a los mapas del alma. Aunque el corazón de esta obra late con fuerza en el espacio íntimo de la casa, Todo huele a vida es también un libro de viajes, una obra con ventanas abiertas de par en par al aire del mundo. Sin embargo, los desplazamientos que aquí se relatan nada tienen que ver con el turismo apresurado, superficial y compulsivo que caracteriza a nuestra era. Los viajes de la autora son peregrinaciones del espíritu, indagaciones humanas sobre cómo la vida se manifiesta en diferentes latitudes a través de los mismos principios fundamentales: la comida, la música y la necesidad de encuentro.

A través de sus páginas, acompañamos a la autora por geografías diversas, desde mercados bulliciosos donde los colores y las especias aturden los sentidos, hasta mesones recónditos donde un plato local se convierte en la clave para descifrar el alma de todo un pueblo. Pero el viajero atento que escribe este libro no busca acumular sellos en el pasaporte ni postales para la galería; busca el hilo invisible que une a todos los seres humanos en torno a la mesa. Descubre que, tras las diferencias idiomáticas, culturales o climáticas, la esencia del acto de comer juntos permanece inmutable en cualquier rincón del planeta: la búsqueda de refugio, la celebración de la cosecha, el alivio del cansancio y la alegría del compartir.


Viajar, en esta obra, es un ejercicio de humildad y aprendizaje. Es salir al encuentro del otro con los sentidos despiertos para aprender a sazonar la propia existencia con nuevos matices, para comprender que la propia cocina es solo una estrofa de una canción inmensa que se canta en todo el globo. Y lo más hermoso de esta travesía es que todo viaje narrado en estas páginas tiene, en última instancia, el sentido del regreso. Se viaja no para huir, sino para aprender a mirar el propio hogar con ojos renovados; se viaja para volver a la cocina de origen con las manos cargadas de historias, ingredientes nuevos y un corazón más espacioso, capaz de acoger a más personas en la mesa.

Por todo, desempeñamos la generosidad como un destino, hacia un pacto con la alegría. No importa lo duro del viaje si siempre arribamos con una sonrisa, a veces de alivio y otras con la consciencia del triunfo frente a la adversidad. 

Llegados a este punto, cabe preguntarse cuál es la tesis profunda, el verdadero poso filosófico que nos deja la lectura de Todo huele a vida. Y la respuesta emerge con una claridad deslumbrante: cocinar, escuchar, recordar y narrar son, en esencia, distintas manifestaciones de un mismo verbo: regalar.

En un mundo donde las relaciones humanas se ven con frecuencia amenazadas por el utilitarismo, el cálculo de beneficios o el aislamiento individualista, el acto de cocinar para otros se alza como el último reducto de la pureza humana. Es la forma más desinteresada y hermosa de la generosidad. Cuando alguien dedica su tiempo —el bien más escaso y valioso de nuestra era— a seleccionar unos ingredientes, a prepararlos con mimo, a velar su cocción y a vestir una mesa para recibir a otros, está realizando una declaración de amor en toda regla. Es una caricia enviada al futuro, un mensaje silencioso que dice: "Tu presencia me importa, tu bienestar me preocupa, tu alegría es la mía".

Cocinar para los demás es un acto de fe en el mañana. Es la certeza de que el tiempo invertido en cuidar a los nuestros no es jamás tiempo perdido, sino tiempo ganado para la eternidad de los recuerdos. Este libro es una invitación vehemente a recuperar esa generosidad perdida, a no esperar a las grandes ocasiones para sacar la mejor vajilla, a no aguardar a las fechas señaladas para abrir esa botella de vino guardada o para decir a quienes queremos lo fundamentales que son en nuestra vida.



Todo huele a vida nos enseña, con una ternura sin concesiones y una elegancia lírica envidiable, que la felicidad verdadera no habita en las cumbres inalcanzables de las grandes gestas ni en los planes grandilocuentes que el azar o el destino se encargan con frecuencia de desbaratar. La felicidad verdadera es modesta, cercana, doméstica; reside en la sabiduría de saber detenerse, en la capacidad de saborear el instante presente, en la pausa consciente para oler el aroma del café recién hecho por la mañana, en el crujido del pan fresco, en la risa contagiosa de un amigo y en la certeza de que el amor se cultiva, día a día, en las pequeñas cosas que sostienen el mundo.


Lector, estás a punto de cruzar un umbral excepcional. Este libro no es solo un objeto de papel y tinta que vas a leer; es una mesa que ha sido vestida para ti con el mayor de los esmeros. Tómate tu tiempo. Apaga las prisas del día, deja fuera las incertidumbres y las cargas cotidianas. Pasa sin llamar, acomódate en el lugar que más te guste de esta estancia y deja que la música comience a sonar en el aire. Escucha el murmullo de los afectos que no se extinguen, percibe el vapor reconfortante de las historias que están a punto de ser servidas y permite que la calidez inconfundible de estas páginas te envuelva el alma y te recuerde aquello que el ruido del mundo a menudo nos hace olvidar: que, pese a todo, contra todo y sobre todo, aquí y ahora, todo huele a Vida.


Ignacio Fernández Candela

domingo, 21 de febrero de 2021

"EL ASESOR". Autor: Salvador Ruso Pacheco

 


Guía espiritual de la política en tiempos decisivos de España

Ante el complaciente derrotismo al que aspira España por el intervencionismo estatal que representa el socialcomunismo de Sánchez, se hacen necesaria obras como la de Salvador Ruso Pacheco para espolear las inteligencias dormidas y alentar una resistencia social que ha de originarse en la convicción moral y la unificación de un criterio político de eficaz resistencia, sin concesiones a los enemigos de España. Esta narrativa demuestra la intencionalidad criminal de una alianza de depredadores políticos que usan técnicas de control social como trampas para instaurar un régimen totalitario de corte chavista. Si existía la sospecha, una puntual novela, escrita por un experto de la Historia del Pensamiento Político, demuestra, ratifica, asevera inequívocamente la existencia de un plan premeditado para someternos al comunismo. 


     Qué mejor modo de saber cómo bregar con las artificiosas tormentas provocadas por el sanchismo, que la sabiduría de la experiencia condensada en un libro que, por su maestra singularidad, es un referente sobre cómo vencer la toxicidad del neocomunismo que se pretende imponer en nuestro país, víctima de una ofensiva radical e intrusiva con especial y acelerado oportunismo radicado en la pandemia. 

     Sapiencia de un versado experto del pensamiento político plantado ante la osadía de una juventud, como la que hoy incendia las calles, víctima del proceso gramsciano consistente en la manipulación como modo para tomar el poder-en tanto en cuanto pacífico mientras el engaño dure, violento al exteriorizar la intención-con los mismos preceptos de la democracia para imponer el socialismo totalitario. Antes por las armas, hoy con la desvirtuación por fraude electoral, entre otras trampas. Distintas formas para conseguir el mismo fondo de una dictadura partitocrática. Así, El asesor es una puntual advertencia que puede servir como guía para clarificar las circunstancias presentes y disponer de un plan defensivo frente a la proyección radical de un gobierno cuya patente degeneración, ha dejado al descubierto un plan de ruina y desintegración para implantar el bolivarismo, socialismo del siglo XXI triturando los beneficios de la Transición. 

    El asesor se sale de los supuestos de la ficción novelesca para saltar a la realidad de la conciencia liberal e instruir a sus protagonistas políticos, quienes están llamados a asumir la realidad histórica de una España sometida a una ingeniería social, escapada de la universidad Complutense y practicada por un grupúsculo de vividores y ventajistas que antes arruinaron Venezuela y han convertido en trágico capricho la disolución identitaria, así como la destrucción de nuestro gran país. 

    Consciente del sentido imperativo de la urgencia, esta obra que bien podría denominarse ensayo novelado, devela, con la consciencia holística de un mal al que se combate con la verdad, de manera sucinta e inteligible para cualquier profano de la materia, con derecho a voto, las técnicas de manipulación social y estafa política que conlleva usar las formulaciones de lacras históricas como Lenin, Stalin, Gramsci o Domenach, entre tantos teóricos de la izquierda, desarmando la coartada de la casualidad circunstancial, para identificarla con la causalidad: la voluntariedad del caos social, institucional y económico. Teoría marxista, leninista, gramsciana, especialmente, del contagio lento de la tóxica infiltración en la sociedad. Manipulación extemporánea pero rediviva, de las técnicas de engaño colectivo y utilización de las masas con el fin de conseguir beneficios personalistas y gregarios. 

    El autor condensa el pensamiento político para explicar, con cariz ensayístico, una suerte de erótica del poder que implica la manipulación social y, como si de mundos paralelos se tratara, la trama novelística inspira un intimismo natural con la erótica de las ideas en que un profesor de universidad en excedencia se complementa como liberal con el ideal antagonista, Ana Laura, de una alumna de izquierdas. Real el contraste del instinto de los gustos y el magnetismo de los ideales contrapuestos. Experiencia y juventud emparejados por la dialéctica del pensamiento político a flor de piel. 

   En esta relación entre el profesor y una alumna, se significa la atracción de lo ignorante, por inexperiencia, hacia el desastre del socialismo y el comunismo pese a sus demostrables fracasos. La juventud sin experiencia tiende a la rebeldía radical como si se tratase de una obligación moral impelida en la vehemencia por combatir la injusticia. Pero toda esa pasión justiciera se basa en la pobre información que se reitera a modo de eslogan, la adoración a un líder y el desinterés por contrastar las ideas que se inculcan en una estrategia psicológica de manipulación donde el socialcomunismo encuentra ciegos seguidores de un ideal engañoso. 
    Solo con la experiencia y los años la víctima despierta, por sus propias vivencias del sueño inducido por la ignorancia y la juventud. De ahí que se resalte el dicho de que "no se posee corazón si no se es de izquierdas cuando se tienen veinte años, ni cabeza si se es de izquierdas pasados los cuarenta". Premisa axiomática que indica el carácter de quien fabula con los inexistentes beneficios de la siniestra a no ser que sean particulares con un posicionamiento del partido totalitario de turno en el organigrama de los méritos revolucionarios. 

    Reconocer la estrategia de artificiosa intención social, la maldad del engaño planificado del socialcomunismo, imbrica saber que son regímenes en contra de la propia naturaleza humana; de ahí la dificultad de sostenerse sin métodos de represión que acaban vencidos por la resistencia popular. Justo la inspiración que impulsa este libro que es una previsión frente a las continuadas farsas democráticas que, usando técnicas de estafa política, han puesto contra las cuerdas cuarenta años de libertades que El asesor propone preservar frente al embate frentepopulista. 

    La excelencia de la política existe cuando se comprende su razón constructiva frente a la demagogia. Quien lo sabe siente la necesidad de comunicar lo correcto y despertar conciencias. Es el impulso de Rafael, un profesor universitario en excedencia que conoce la erótica del poder y comprobará la erótica de las ideas sumergido en la lid política, asesorando a un futuro presidente de España, y experimentando la pasión de una relación motivada por una joven de izquierdas. Con el deseo y la vehemencia de los instintos llegará, inevitablemente, la traición. 

    En esta singular aventura de nuestro arriesgado presente, la razón y las emociones se conjuntan en una alegoría novelesca que, sorpresivamente, entraña una guía práctica de cómo salvaguardar a millones de ciudadanos, damnificados del socialcomunismo. Y hay un componente del espíritu en estos innegables tiempos de cariz apocalíptico con el autor aludiendo a las señales de los tiempos, una auténtica batalla del Bien contra el Mal, librándose también en territorio nacional, no obstante el comunismo y sus aliados pasan por ser autenticas huestes de Satanás. Con esta consideración, el consejo de El asistente es una guía espiritual de la política en estos extraños tiempos del tercer milenio. 

    La ópera prima de Salvador Ruso Pacheco es un compendio de sabiduría que satisfará y entusiasmará por su reveladora síntesis a cualquier ciudadano advertido del engaño criminal socialcomunista, y es altamente recomendable para cualquier aspirante a liberar y gobernar España. 

jueves, 22 de noviembre de 2018

"Tu Luz es mi Luz". Autora: Gemma Pizarro.




   La experiencia aleccionadora de una Luz que unifica

  Gemma Pizarro es un torrente de innovación espiritual, un dechado de virtud que se honra en experimentar el privilegio de la comunicación con el Más allá, desde su infancia. Las vivencias como clarividente y la capacidad para superar adversidades mundanales constituyen una motivación dinámica con nombre propio y plena de ideas, conceptos profundos sobre la trascendencia del alma, ejemplo de distinción personal y la convicción de que el sentido de su vida posee una misión implícita que sus muchos seguidores conocen a través de numerosas guías y consejos que emite en diversas redes sociales.

  Y con este conocimiento previo de una actitud vivaz y luminosa, con el privilegio de conocerla en persona, me comprometí a reseñar Tu Luz es mi Luz, no sin la advertencia de que Gemma como autora había pagado la novatada literaria que en mayor o menor medida todos los escritores enfrentamos en el origen de nuestra actividad creativa, cuando llega la primera incursión en el campo editorial.

 Como crítico literario de carácter profesional, columnista con miles de artículos publicados en medios punteros de comunicación social  y como autor de catorce libros expuestos en el amplio mercado editorial, solo puedo analizar el hermoso fondo de estas páginas impregnadas del entusiasta espíritu de Gemma y la nobleza del empeño junto al poder de la maestría que se extrae de su pensamiento, siendo este libro un complemento para cuantos han escuchado la encomiable labor de comunicación espiritual que realiza a diario en su canal, por ejemplo, de Youtube. Y así valoraré el fondo del mensaje entusiasta a la espera necesaria de que esta primera edición sea revisada con una exhaustiva corrección ortotipográfica y gramatical, amén de una maquetación acorde a la ilusión merecida de su autora en esta primera inexperiencia literaria que formalmente era merecedora de muchos más cuidados y profesionales mimos.

  Al margen de las formas editoriales realmente descuidadas, por no decir inexistentes, sí deseo puntualizar que Tu Luz es mi Luz no deja de ser una semilla de iluminación que siendo pequeña en su aspecto formal es simiente de una mujer prodigiosa que manifiesta el esplendor de la particularidad del alma, a través de su paradigmática sapiencia que llega con sencillez al corazón de sus oyentes.

 Esta obra primigenia es un compendio de emociones y enseñanzas que se lanzan como una plegaria de acción de gracias, resuelta en la experiencia y anhelada en el corazón que convierte en vibración el deseo de comunicar cuanto el aprendizaje aporta con rango de prodigio. Porque Gemma Pizarro manifiesta la certeza de la Fe por la experiencia vivida en su devenir terrenal, como también revela el testimonio singular de quien conoce las dimensiones inadvertidas que como médium canaliza durante toda su existencia.

  Al principio la autora muestra las ganas de comunicar anhelos, de ayudar con la enseñanza desbordante que ha de ordenar para convertir en inteligible para el corazón los irreprimibles deseos de ayudar a quien lee sus líneas. Los primeros capítulos especifican la importancia de la fe en uno mismo con la apertura de la mente y el corazón, siendo el inicio del libro una evocación de la inspiración divina, reiterada con intención pedagógica, en la importancia de la creencia por el Ser Superior que unifica la grandeza del conocimiento interior. En realidad Gemma convierte en letras el impulso de sus intervenciones audiovisuales, vibrante en la sencillez de su exaltación ponderada de conocimiento y firme fe en cuanto manifiesta por el cumplimiento de su cometido instructivo.

 Es en  el capítulo cuarto-La oveja negra- cuando se hila una semblanza autobiográfica acorde con el modelo que representa Gemma Pizarro para sus seguidores y cuantos deseen conocerla tras su particular visión experimentada del mundo espiritual. A partir de este capítulo se conforma el orden natural de la obra dando a conocer Gemma sus inquietudes y motivaciones que le representan como modelo de experiencia y certeza en el significado de cuanto relata. En los siguientes especifica la importancia del estímulo de los hábitos, de la transformación que resulta al modificar conductas, la Fe que afianza la motivación considerada, captadora de la atención del espíritu más allá de las apariencias.

 El último apartado del libro trata de la mal entendida muerte que Gemma denomina “el concluir”, narrando desde su experiencia lo que es un tránsito del espíritu que trasciende en una vida eterna donde cada existencia es un paso hacia la perfección divina.  En la intuición de una realidad constatable la autora alienta ante la aparente soledad afirmando que estamos acompañados por un mundo invisible que nos asiste y la disposición a escuchar la voz del alma que abre las puertas del interior. Un interior que llama por medio de hermosas canalizaciones que trascribe al final de cada capítulo como mensajes del alma que provienen de una excelencia espiritual que Gemma Pizarro da a entender con vocación luminosa: la experiencia aleccionadora de una Luz que nos unifica.

Ignacio Fernández Candela

martes, 15 de mayo de 2018

Reseña de Yolanda Cabezuelo Arenas sobre mi novela documental: La afilada navaja de Ockham I. (Publicada originariamente en Las nueve musas)


https://lasnuevemusas.com/bajo-el-peso-de-una-ley-viciada/

BAJO EL PESO DE UNA LEY VICIADA

Quien tiene entre sus manos un libro, lo abre y descubre la primera página, está descubriendo todo un mundo de sensaciones que a partir de ese momento formará parte ya para siempre de su memoria: es la magia del papel impreso, de las bellas encuadernaciones, de las ideas contenidas y expresadas.

Y cuando en esa obra está contenido el pensamiento, la vivencia, o parte del alma de su autor, y se tiene la suerte y el privilegio de contarle entre los amigos más valiosos, el placer de la lectura de vuelve inenarrable, e irreprimible el deseo de trasladar a otros lectores la conveniencia -casi la necesidad- de adquirirlo para disfrutar de una experiencia semejante.

afilada navaja de ockhamTiene Ignacio Fernández Candela la habilidad de separar sus emociones para presentar una experiencia propia tan injusta y grave como la narrada en La afilada navaja de Ockham desprovista del humano y comprensible rencor en el que cualquier otro autor hubiera podido caer; esta habilidad consigue que el lector comprenda perfectamente el alcance de la experiencia, se solidarice con el narrador, y tome nota de su propia vulnerabilidad; porque la experiencia de Ignacio Fernández Candela podría ocurrirle a cualquiera, por el simple hecho de encontrarse en el lugar y el momento propicio.
Ignacio Fernández Candela es un gran periodista español, conocido por expresar su opinión sin rodeos ni divagaciones, y sobre todo sin ambigüedad. Persona de trayectoria profesional seria e impecable; compañero atento; entrañable amigo; sin una sombra de duda en lo tocante a la honradez personal; y sin embargo fue confundido con un peligroso atracador, detenido y sometido a un trato kafkiano  y vejatorio. Y no en un país cualquiera, de éstos en los que las garantías y derechos brillan por su ausencia… sino en España, en Madrid, en marzo de 2009.
Cuando el lector se adentre en la narración de la historia vivida por Fernández Candela, advertirá con horror que si estos hechos han sido posibles en la persona cuyas cualidades acabamos de describir en el párrafo anterior, que no son comunes en estos tiempos de valores perdidos, cualquiera de nosotros podría verse en la misma indefensión, por el simple detalle de estar sometidos al azar de encontrar en nuestro camino funcionarios que no merezcan formar parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
El mismo autor distingue a éstos de los otros: los que tanto reconocimiento merecen por méritos propios y de entrega a su labor, con una exquisita mención en las dedicatorias del libro:
“La sombra de los menos nunca oscurecerá la grandeza ni la calidad humana de la mayoría”.
Y no obstante, esos menos existen, ostentan autoridad, y en caso de verse uno en la situación que tan bien describe Ignacio Fernández Candela, “La afilada navaja de Ockham” puede servir como la mejor guía de actuación: Todo lo que narra Ignacio Fernández Candela ocurrió de forma accidental; y le ocurrió a él como podría haberle ocurrido a usted, o a mí: a cualquier persona por honorable que sea, simplemente por estar en el sitio equivocado y en el momento equivocado.
“Es la existencia un campo de tragedias con las que aprendemos a convivir, desenvolviéndonos con pericia para evitar muchos males que afectan de continuo a nuestro prójimo. Sin embargo nadie está exento de sufrir uno de esos males que tendemos a mirar de reojo con el temor de que fueran a afectarnos.”
Nadie. Ni siquiera usted.  
Cualquiera de nosotros puede verse tratado con brutalidad, esposado en postura humillante y dolorosa; obligado a dormir entre las ropas del jergón de una celda, llenas de restos de orina ajenas.
Cualquiera puede tener que enfrentarse después a un procedimiento en el que empiecen a quedar claros los conceptos de suerte y oportunidades en la observación del juez que instruye o el verdadero interés del abogado de oficio -de algunos, que como bien diría el autor de “La afilada navaja de Ockham”, son los menos, pero son-.
El lector podrá comprobar que es posible la lucha de David contra Goliat, y que la razón prevalezca a pesar de lo titánico de la lucha, y quedará ya enganchado a las Letras de Ignacio Fernández Candela cuando de comprender un tema de actualidad se tratare.
De las muchas frases dignas de ser recordadas que se incluyen en la narración de La afilada navaja de Ockham, una me ha llamado particularmente la atención: “La Humanidad no puede creer en sí misma por el resultado de sus obras. Sólo cuando cuando renuncie a la ególatra conquista de sus futilidades, podrá despertar y así ver”
 Ha sido para mí un privilegio entregarme a la lectura de La afilada navaja de Ockham, en primer lugar por haberme distinguido su autor con el deseo de conocer mi criterio; y desde luego por haber tenido la oportunidad de disfrutar de una obra trepidante, magistralmente trabajada, y que cumple además la función de instruir al lector cual guía de supervivencia ante situaciones absurdas en las que pueda verse atrapado, sin merecerlo ni esperarlo, bajo el peso de la ley en su forma más viciada.

"ZAMBRA DE AMOR". Autor: Luis Esteban Pareja. (Reseña publicada originariamente en Las nueve musas).


https://lasnuevemusas.com/zambra-de-amor/

http://www.editorialqm.com/noticias-y-eventos-literarios-del-mundo/esta-proxima-la-publicacion-del-libro-de-poemas-zambra-de-amor-autor-luis-e-pareja

Ignacio Fernández Candela

Escribir Literatura verdadera es contrastar, mediante el tamiz de un genio creador,  idea y sentimiento.

Identificar el devenir de la experiencia y asimilarlo por la impresión sensible que nos provoca.

  Así crea el artista de la palabra. La creatividad se rige por criterios limitadamente cognoscibles, pero otros son sublimados dependiendo del autor. Con el poeta de Zambra de Amor la rima canta al Cielo y rinde culto a la idea de la excelencia literaria. Es admirable un magín que despliega destreza creativa y una sensibilidad fulgurante de excelsas inspiraciones. Infrecuente el hallazgo, Luis Esteban Pareja ha facilitado un descubrimiento singular.
  Siempre he percibido, desde la intimista sensación de lo intuitivo y la objetividad del criterio intelectual, como observador de la existencia y de la consideración de una posible memoria del alma que dicta los designios del consciente por la inspiración de las emociones, que no solo las personas que nos sorprenden son instrumentos del destino para satisfacer nuestros instintos vitales del espíritu, sino que también sus palabras puntuales, y a propósito de una señal divina,  marcan el recuerdo del subconsciente, del infinito que emerge de lo terreno y aflora a la mente como si reconociéramos esa vivencia que sucede llegado el momento distinguido.
  Una intuición del alma por la memoria eterna de las vivencias que llegan cuando el tiempo marca el destino del reconocimiento. Me sucede con Luis Esteban Pareja, con el Poeta de la maestría en la sensibilidad de la expresión comunicadora, verso y prosa con dominio de un alma evolucionada que en el reloj de sus creaciones marca la hora de comunicar el talento del corazón. No solo con su personalidad en singular donosura y atemporal significancia siendo personaje irrepetible, también con la expresividad en la rima de su sentir andaluz, de sus ritmos interiorizados con latido de corazón sureño que rinden homenaje a la purista tradición del Arte en su esplendor histórico y que se desgrana en Zambra de Amor.
  Reconocido el autor por la intuición del espíritu y la memoria recreada del destino en su encuentro temporal, saber del Poeta me ha trascendido al título de su poemario, con el palo más antiguo de Flamenco, Zambra, prendido de virtuosismo en la sensibilidad y rotunda pasión, en la sublime comunicación del Amor dulcificado a la par que energizado de carácter y mimo. Zambra de Amor es de innata concepción espiritual, sacada de unas entrañas vitales por una garra de creatividad que acaricia sólidamente la dulce dimensión de una Andalucía transmutada, donde García Lorca pervive y Miguel Hernández acompaña. Redivivos en la memoria del destino como en la intuitiva creación de un Poeta del alma y el tronío que ríe y llora la experiencia sureña, la sangre española templada de sol y sombra, de tendido y guitarra, de pinreles danzantes y manos ramificadas en hermosos y extasiantes edenes de brazos  al ritmo de castañuelas, junto al vaivén del viento que exhala una Zambra.
  Luis Esteban Pareja González se personifica en la poesía como su tierra, se allega a Portugal y rema los mares del mundo para aterrizar en Granada; luego se expande en un cielo que cubre de estrellas la infinita armonía de las músicas que perduran con sones aflamencados y evocan el tiempo sin tiempo de una Andalucía cuya historia no es contada por lo temporal, sino por la prodigiosa sencillez del poema que se integra con la palabra, abarcando la extensión de los campos, los muros de la Historia y las piedras de las cuevas que en Granada cobijaban la danza del gitano con ritmo doliente en un monte sagrado. Así canta, reza, duele, escuece  el poemario. No se arranca de las entrañas una vez que se clava, con la convicción sensible de un milagro creativo, inusual y legitimado por la grandeza de la evocación poética de lo universal.
  Reconozco al Poeta genuino cuando me duele y escuece al inyectarme su alma con incisivo júbilo hasta fluirme por la sangre y conformar parte de mi ser: indivisible ya de mi conocimiento por lo sentido y el privilegio de reconocerlo con indeleble experiencia de admiración. Luis Esteban Pareja me ha contagiado de versos que trascienden y perduran. No hay cura ni desmemoria; solo huella.
  Con Luis Esteban Pareja la Andalucía poética nos trasciende, se percibe inmersa en el papel como una oda anudada con hilos de seda, trasladada al espacio eternal de una rotunda inspiración desgranada de sueño y embeleso; este último más real en la poesía de un brujo de Huelva, maestro de magias gitanas y payas, mezcla de raza en espíritu compartido, ilimitado, que se remonta en su expresión atemporal al palo de Zambra, para implicarse el verso de Amor con el aroma de la tierra sureña: la entrega del alma en una estrofa singular, extrema y dulcificada de pasión, por una tierra andaluza que clama sus deslumbrantes dones. Suspira la garganta del poeta que exhala fuerza y nostalgia, poseído de divinidad y humana excelencia. Poeta de amanecer, Luis Esteban Pareja exhibe sensibles e inmensas intimidades de un Sur unificado; clamor de atardeceres, Andalucía se canta, se duele, se muestra, agoniza de placer con aureola de manos alzadas que describen el Flamenco más intuitivo por la rima de Zambra.
"Y si quieres despacito vete marcando el compás,
antes de que doblen campanas… ¡que también quieren hablar!
Yo no sé cómo se llama quien tanto a mí me conmueve,
en ese rincón “encelao”, donde un amante y su amada;
¡Un Artista y su Guitarra! …
Ronean con sus quejíos cuando sus cuerpos se abrazan".
Luis Esteban Pareja
Olé Poeta, Olé.

miércoles, 21 de febrero de 2018

"EL TRIUNFO DE ÁGATHA RUIZ DE LA PRADA". Autor: ENRIQUE DE DIEGO




La Cruz de Pedro J Ramírez

Inesperado encuentro con una verdad obligadamente denunciada, este libro traspasa la ligereza moral de las infidelidades y se sumerge en un submundo de rastrero oportunismo con el pretexto del maltrato a la mujer. Una serendipia de Justicia es lo que resulta de El Triunfo de Ágatha Ruiz de la Prada cuyo autor Enrique de Diego ha encontrado un núcleo controversial muy a propósito para desenmascarar una mafia manifiestamente criminal y que ha provocado miles de víctimas inocentes, tras los postulados dictatoriales de lo que arteramente se ha denominado violencia de género. Detrás de esa reivindicación subyace un vasto y repugnante negocio de falsificación jurídica y social que ha lucrado a estafadores sin conciencia. De Diego lo ha denunciado con docta firmeza.

En España no existe profesión más falseada, comprada y mezquinamente chaquetera que la del Periodismo, salvo que no se comulgue con la tergiversación permanente de la información al servicio de pagadores corruptos. Antaño Anson y actualmente Évole, verbigracia, son muestras rastreras de cómo usar con fines degradantes el ejercicio de la palabra pública al servicio de intereses manejados desde la sombra. Son adalides de la farsa que sintomáticamente ha envilecido la sociedad española. Quien no se pliega al sometimiento es perseguido o ignorado. Paradójicamente, los miserables sin honra son respetados por esa vil apariencia de los engaños pagados con el sueldo de la corruptela aceptada y de la que maman tantos parásitos. Así es el periodista español salvo honrosas y meritorias excepciones.

En el caso de rebeldía honorable nos encontramos al escritor Enrique de Diego y una trayectoria periodística que desmonta la hipocresía de la corrección política, en realidad un eufemismo que describe la docilidad ante la injusticia y la podredumbre generalizada que desuela España. No podía ser de otro modo que un periodista independiente denunciara sin ambages, la repulsiva doblez moral que prostituye a la Justicia presuponiendo la culpabilidad del inocente por artificios demagógicos y excluyentes que vulneran los más elementales Derechos Humanos.

Desenmarañar esta trama de malignidad sin escrúpulos es posible describiendo la vida y milagros de Pedro J. Ramírez, quien con ingenua vocación de vividor a contrarreloj parece haberse entregado en brazos de un verdugo con el que no podía contar sin traicionar a su exmujer, dama de España, Ágatha: el verdugo propio de la inconsciencia y el egoísmo en brazos de una mujer arribista, su Cruz,  que queda desenmascarado tras la leída de este libro ya icónico. Repugna cuanto se demuestra en él con pruebas y declaraciones de afectados que delinean en ocasiones los rasgos ¿sociopáticos? de las mujeres denunciadas. La feminidad es mucho más que eso. No por ser mujeres son dignas como tampoco por ser hombre se es culpable sin presunción de inocencia que valga.  Y así debería ser legalmente. A tenor de estas líneas magistrales,  Cruz Sánchez de Lara es un arquetipo de bajeza según sus actos profesionales y personales meticulosamente descritos en esta obra que deja en evidencia la putrefacción con que se manejan algunos togados: al dictado de una maraña de dogmas delictivos, trampeadamente encajados en las arbitrariedades jurídicas de ventajistas sin conciencia.

Resulta de una aparente narración de vicisitudes extramatrimoniales y de traición personal, una excepcional oportunidad para descubrir en esencia la trama delictuosa que la violencia de género ha conformado con manifiesto desprecio a la Justicia, la verdad, la honradez y el decoro que se presuponen en abogados y jueces, cuyos comportamientos son de comunes delincuentes pero justificados tras la patraña del género selectivo.

Esta obra va un paso por delante de la intencionalidad de generar un debate contra una de las más execrables injusticias que generaliza, delirantemente, la posición del hombre y la mujer en la sociedad al margen de su catadura moral o carencia de escrúpulos. Debería concienciar a las víctimas y reunirlas con ánimo reivindicativo en las calles, para cambiar estas aberrantes situaciones que aprovechan oportunistas sin moral para lucrarse de sus perjudicados.

  Una aberración que se demuestra fehacientemente con el Triunfo de Ágatha Ruiz de la Prada frente a la tibieza personal de un Pedro J Ramírez que puede estar cargando, sin saberlo, estulta ingenuidad,  la futurible cruz que su actual mujer ha sido para tantos otros-incluido un torturado hasta la extenuación exmarido que sabe bien de quién se trata-con esas formas de malignidad que se gasta en los juzgados. De qué no será capaz fuera de ellos.

Ignacio Fernández Candela

martes, 21 de junio de 2016

Reseña de Enrique Gallud Jardiel sobre mi novela: La pequeña puerta del Cielo


Currículo de Enrique Gallud Jardiel:

Ignacio Fernández Candela: La pequeña puerta del Cielo, Entrelíneas Editores, Madrid, 2013. Editorial Pelícano, Miami 2011.



Ignacio Fernández Candela es un hombre polifacético. Ha destacado como pintor, como poeta, como conferenciante y, lo que más nos interesa aquí, como novelista, un campo en el que ha hecho oír una voz propia y que merece una especial atención. Su vida, llena de vicisitudes y —¿por qué no decirlo?— de aventuras a la moderna, le ha servido para acumular unas experiencias que son materia literaria de primer orden. No hablamos de elementos autobiográficos, lo que siempre resulta más socorrido, sino de un profundo conocimiento no sólo de los hombres, sino también de la sociedad en la que a su pesar tienen que vivir esos hombres y cuyas injusticias tiene que soportar día tras día.
        
    La pequeña puerta del Cielo es una novela impactante. A diferencia de la mayoría de las acumulaciones de páginas impresas y encuadernadas que hoy en día se venden como si fueran libros reales, esta obra es un proyecto completo y muy logrado, con su tema, su argumento, su mensaje, sus peripecias y sus reflexiones, en el mejor estilo clásico de lo que una novela debe ser, pese a sus connotaciones futuristas.
         
    Confluyen en ella tres historias con un eje común: la despiadada y merecida crítica a una sociedad deshumanizada que todos toleramos en silencio, lo que nos hace de alguna manera merecedores al sufrimiento que tal esquema de cosas nos inflige. Un despiadado asesino en pugna con sus semejantes, un sacerdote que cuestiona dos mil años de hipocresías y, sobre todo —lo que más nos ha conmovido—, la magníficamente detallada historia de un anciano estafado por las maquiavélicas artimañas de la banca. Ismael Bellver, despojado de lo suyo por un sistema corrupto y por una burocracia insensible, muestra una grandeza digna de los mejores personajes de la novela realista rusa o francesa. Sus andanzas en su intento de recobrar lo que legítimamente es suyo nos recuerdan a los sufrimientos del personaje balzaquiano de Cesar Birotteau, el desdichado arruinado de la novela de su mismo nombre que vaga, desesperado, por París intentando conseguir unos pocos francos para evitar la ruina y el suicidio. El personaje de Fernández Candela no tiene menos grandeza que el de Balzac.
       
    Con todo ello, la novela tiene además un estilo fuerte, intenso, caso despiadado. No se trata de agradar al lector, sino de sacudirle en lo más profundo de su mente y sus sentimientos, de hacerle ver lo que nos rodea y hacia dónde vamos, cuál es el resultado lógico e inexorable de este mundo inhumano al que todos contribuimos y cuya radical injusticia no podemos ver, quizá por estar demasiado inmersos en él. Vista con la perspectiva del tiempo, nuestra época parecerá una de las más injustas de la historia de la humanidad, bajo su aparente capa de civilización, decoro y corrección política.
       
    Recomiendo de veras la lectura de esta valiente denuncia de los males de nuestro tiempo, una novela con muchas sub-tramas y con gran variedad de elementos, pero centrada en el dolor innecesario y la injusticia, esos eternos compañeros del hombre desde el principio de los tiempos y de los que aún no hemos sabido librarnos.
Enrique Gallud Jardiel

martes, 3 de mayo de 2016

"EL ARTE DE HACER DE TODO". Autor: ENRIQUE GALLUD JARDIEL

Editorial: Espuela de plata. 
ISBN 978-84-16034-63-5

 El origen extraterrestre, y más allá, de Enrique Gallud Jardiel

  La risa es un don nada improvisado, un viático del alma que forma parte de la existencia humana como el cielo que cubre nuestras cabezas: son dimensiones ilimitadas que nos recuerdan el esplendor de una intención sabia y Dios a veces se personifica muy intencionadamente en mentes privilegiadas como la de Enrique Gallud Jardiel. Tan espontáneamente se comunica el autor con la magia del humor que pudiera parecer hasta extraterrestre.¿Qué esperar de quien en una entrevista dice que el humor es una fuente de felicidad? ¿De qué otro mundo maravilloso llega alguien así?

  Pero consta en los registros natalicios que es digno hijo de sus padres- Rafael Gallud García y Mary Luz Jardiel Sánchez-, actores entregados a la sublime misión de instruir y entretener a los participantes de la carrera por la vida y el espíritu que es este valle de lágrimas, siendo además ente seleccionado entre millones de almas como nieto de Enrique Jardiel Poncela. De casta viene el galgo que dice el aforismo popular, aunque yo creo que nieto y abuelo comparten una esencia ontológica que se condiciona, más allá del orden cronológico, en el ingenio sin par que representan los dos a través de sus obras. 

  Enrique Gallud Jardiel ya es un personaje por sí mismo, de los que se fabrican en otro espacio de las inspiraciones para luego manifestarse con esa tremenda diferencia que identifica a los genios y encima con salerosa  distinción. Cuando se lee su obra El arte de hacer de todo también se vislumbra al personaje narrativo que posee una capacidad innata para redimir las tristezas de la existencia y trocarlas en sonoras carcajadas. Imbuirse de talento humorístico versado en la idea más sencilla o la apariencia más insignificante solo está al alcance de los Magos y saber comunicar al prójimo para alentarle con sonrisas y risas encadenadas es todo un milagro que forma parte de los insondables misterios del sentido primero y último de la existencia. A mí me da que es un profeta. Cualquier día levita tal cual aligera peso al lector que se olvida de las preocupaciones riéndole con ganas las benditas gracias continuadas de su magín asombroso.

 Las obras denominadas de "autoayuda" cobran un nuevo significado en la mente crítica e insoslayablemente original de Gallud Jardiel. Solo iniciar el libro ya se empiezan a esbozar unas sonrisas que se convierten en toda una declaración de intenciones sobre el concepto mayúsculo del Humor. Leyendo el índice se colige la originalidad como un prolegómeno de lo que en pocas páginas se convierte en una apoteosis sostenida de sarcasmo inteligente, sátira con elegancia, e ironía desternillante a la par que aleccionadora.

Minimizando el mundo a la vez que se enaltece la cama, encontrando las formas de malograr una entrevista de trabajo mientras intentamos salvar de la pobreza a los bancos; formulaciones de éxito para corales polifónicas sin menoscabar la belleza del elogio a la mugre; así como desfasar la Navidad desmontoñando el mundo como solución demográfica son esas sugerencias dispares que, a modo de totum revolutum, resumen el objetivo de esta encantadora inspiración literaria que nos explica sobre El arte de hacer de todo. Obviamente, con semejante despliegue imaginativo, su autor demuestra que hacer de todo es un arte que está a la altura de unos pocos privilegiados.

  Creo en el prodigio que representa Enrique  tras comprobar nuevos matices de mi persona-los muchos ritmos, contrastes y volúmenes de mi risa, con la que convivo más de cincuenta años-cuando sorpresivamente no paraba de encadenar sonoras carcajadas con la lectura de su obra. Intuyo sus libros sorprendentes que leeré bajo el mismo prisma del ingenio creativo, de soberbia factura, que demuestra sin fin.

 No es nada sencilla  la observación magnificada de lo cotidiano para transformarla en excepcional con un humor fácil, sublime y a todas luces excepcional, inusitado y, sobre todo, trascendente. Porque creo que con la risa acariciamos los más excelso de nuestra razón de ser más allá del teatro de las apariencias, somos de nosotros mismos en una genuina representación de nuestra voluntad de ser aquí donde estamos y allá donde estaremos. Seguramente la risa habrá de acompañarnos traspasando los límites de este orbe que se toma todo tan en serio, siendo solo un solemne, dramático, trágico pero engañoso espejismo; no como la risa inspirada, dulce y embriagadora de nuestra voluntad por brindarnos felicidad, tal y como nos la otorga nuestro emblemático autor: puro realismo del alma.

 Su ingenio no es nada furtivo sino esplendoroso, tajante e inimitable.

  No todo intérprete sabe cómo redescubrirnos en este solaz fenómeno del humor. Enrique parece ser un mensajero de la memoria restaurada de nuestra esencia divina. Por algo poseemos la virtud de reímos y nos convence la intención maravillosa de la sonrisa multiplicada que desparrama con pasmosa sencillez un  elegido como este autor, sabio por convertir la palabra en un universo expansivo de imaginación, de espectáculo lector y aliciente lúcido de esperanza, porque sus letras poseen la capacidad de imbuirnos alegría, satisfacción, positividad y fe por la razón humana de lo constructivo en conexión directa con una Creación que no deja nada al azar.

  Recomiendo El arte de hacer de todo a cuantos sepan y quieran reír porque aquí no hay medias tintas. Si uno quiere atragantarse a carcajadas no hay mejor instrumento mental para tan extraño menester. A mí me basta con quedarme sin resuello de tanto reír entre página y página; menester extraño también, involuntario eso sí,  pero es estímulo reflejo e inevitable con esta singular lectura.

 Enrique Gallud Jardiel no será extraterrestre pero una cosa es suponer que tiene acreditado su nacimiento documentalmente y otra que exista el certificado. Este tio no es de este mundo; a saber de dónde salen ingenios tan escasos y raros sobre esta Tierra común.